Precio y calidad

Hoy después de meses, me he levantado y he sentido la necesidad imperante de acercarme a un quiosco y comprar un periódico en soporte papel. A veces y a pesar de la tecnología uno vuelve a los orígenes y tiene la necesidad de tocar el papel impreso y oler la tinta.

Con desicion me he encaminado hacia el lugar de compra y ante la indecisión si el periódico A o el B he comenzado a hojearlos y tras unos largos cinco minutos de indecisión, he salido de la tienda sin adquirir ninguno de los dos, ¿la razón?, a priori y tras un breve análisis de minutos, la calidad de los contenidos, la escasez de argumentos, la baja calidad en las opiniones y el recuerdo de decepciones de anteriores compras de ambos diarios.

Lamentablemente esto no solo sucede en la prensa, lleva tiempo pasando en nuestro país en muchos otros sectores.

El problema es que buscando muchas veces el ajuste del coste nos olvidamos de la calidad o en otras ocasiones a pesar que el producto es de calidad el vendedor tergiversa sus ventajas y bonanzas y al final esa imagen negativa se transmite al producto y este deja de transmitir valor.

Es negativo para la economía que el consumidor se haya acostumbrado a valorar un bien o servicio solo por su precio ya que olvidamos una premisa fundamental de la economía, que precio no es igual a valor, y es aquí donde radica el problema.

Por lo tanto debemos de intentar dejar de dar tanto valor absoluto al precio y tratar de considerar que valor tiene lo que queremos comprar.