Hace ya años que no me la liaban, pero es que uno no se puede fiar ni de la familia.
Llega uno a Soria a disfrutar de un fin de semana gastronómico con todo lo relacionado con la trufa y me invitan a un restaurante al que nunca había ido.
Ya de entrada, en vez de una decoración castellana, el local tiraba a diseño minimalista, uf!! que mala espina. Lo malo es que el presentimiento se fue confirmando a medida que avanzamos a través del menú degustación. Como dice Leo Harlem en su monólogo, para encontrar la lubina debajo de la alcaparra era cosa milagrosa.
Bueno, como todo es cuestión de gustos y a mi no me van nada estos restaurantes de diseño, que le vamos a hacer.
Eso sí, volviendo a disfrutar del monólogo de Leo Harlem, os aseguro que se ha cumplido todo lo que comenta, hasta lo de la barbita del chef vestido a lo Kill Bill
