La banca actualmente

Todos los días D. Gilito entraba a su Banco por la puerta principal, en la que siempre estaba el mismo mendigo.
Todos los días éste le saludaba con un: una limosnita, por el amor de Dios.
D. Gilito pasaba de largo.
Y así día tras dia, se repetía como un mantra: una limosnita, por el amor de Dios.
Y todos los días D. Gilito lo obviaba.
Hasta que un día la frase cambió: una limosnita, por el amor de Dios y la Virgen María.
D. Gilito se sacó unos billetes del bolsillo y se los dio al sorprendido hombre, que no acababa de encontrar una explicación a su éxito. D. Gilito se lo aclaró: con dos avalistas si.