A la intemperie bajo el aluvión de dispositivos móviles

El crecimiento exponencial de dispositivos y aplicaciones móviles está obligando a las aseguradoras y a sus departamentos de IT y RR.HH. a formularse nuevas preguntas acerca de su lugar dentro de la organización, su uso seguro por los empleados, e incluso su eficacia.
Históricamente, el uso de soluciones de software integradas y los procesos que controlan la adquisición, instalación y ciclo de vida de los activos de hardware y software ha hecho que la gestión de activos sea relativamente sencilla. Sin embargo, cambios en el panorama con la aparición de dispositivos de mano móviles de todos los tamaños y tipos, ha hecho que la gestión se este complicando. De hecho, las estadísticas recientes refuerzan el hecho de que las tecnologías móviles, como teléfonos inteligentes, tabletas, ordenadores portátiles, PDAs, y dispositivos de almacenamiento, tales como unidades USB o tarjetas SD, han llegado a representar un reto para los gestores de activos de las aseguradoras que no pueden permitirse el lujo de ignorar.
Por lo tanto, la proliferación de dispositivos móviles y aplicaciones de asociados significa organizar el caos, desde la creación de políticas corporativas de uso que cubren todo, desde los tipos de dispositivos que se están a disposición de los usuarios, cómo y cuándo se puede utilizar, con qué propósito, a los recursos corporativos (de red, aplicaciones) que incluyen, por supuesto, a las medidas de seguridad que cubrirán todo el uso de los mismos.
 Como resultado, estas nuevas formas de organizar el trabajo y relacionarse entre compañeros y con otros colegas y clientes fuera de la organización, han cambiado el papel dentro de la organización de seguros. Y no es sorprendente, las aseguradoras, en algunos casos, tienen dificultad para mantener el ritmo del uso de estas nuevas tecnologías.  Por primera vez en la historia, la informática móvil está superando hardware personal en términos de experiencia del usuario.
 Hace ya años que las aseguradoras armaron a sus redes de distribución y sus oficinas con portátiles y VPN, pero poco a poco y debido al abaratamiento de los equipos informáticos y de movilidad, los empleados, pero con mayor relevancia los clientes están tomando la delantera, una delantera que a al sector asegurador con honrosas excepciones le esta costando alcanzar.
 Poco a poco la llamada brecha digital en el sector asegurador se hace mas grande, a las aseguradoras se les hace cada vez mas cuesta arriba incorporar nuevas tecnologías, no solo por que a veces no crean en que puedan generar valor añadido para sus clientes, sino que suponen inversiones a amortizar a corto plazo y eso no gusta. Las aplicaciones móviles pueden ofrecer una forma única de llegar a la audiencia, mejorar el servicio al cliente y reducir los gastos operativos y el fraude, pero sin una estrategia adecuada el alcance y el gobierno, los costos son muy superiores a los beneficios.
 La gran mayoría de las aseguradoras no disponen de políticas de participación de sus empleados en redes sociales y las que tienen dichas políticas, salvo casos excepcionales, gustan mas del imponer que del recomendar y formar.
Por otro lado hay canales de distribución clásicos, como es la mediación, olvidados por las entidades aseguradoras, que demandan la colaboración con estas en redes sociales, internet y utilización de dispositivos. Pero esto se ve como peleas separadas, cada uno por su lado no hay búsqueda de sinergias.Por último como puede evolucionar un sector en el cual no existen estándares de interconexión e intercambio de datos, lo cual es lo mismo que salir en primera pero con el freno de marcha echado. El reloj corre para que el sector no pierda competitividad o mejor la gane, pero parece que pocos de momento se dan cuenta.