Tras una época en que la regulación del sector de servicios financieros ha sido cada vez más laxa, el mero hecho de pensar en una posible nacionalización de los bancos, tanto en Europa como en Estados Unidos, resulta sorprendente. Sin embargo, muchos bancos aún siguen flirteando con la posibilidad de insolvencia –incluso después de los planes de rescate en los que se inyectaron miles de millones de dólares en forma de capital y asistencia-, y un creciente número de economistas ahora sostiene que tomar los mandos de las instituciones con graves dificultades, al menos temporalmente, por parte de los gobiernos podrían ser la última solución posible.

